Introducción al libro la “Apropiación
posmoderna”
Juan Martín Prada, 1998
Sólo parece posible la correcta aplicación del término
postmodernismo en su pleno sentido cuando hablamos de la dimensión
social del extenso espacio de heterogeneidades y sincronías, de préstamos,
de transferencias y migraciones de lenguaje que caracteriza la creación
artística reciente.en los primeros años de la última década de los setenta cuando
la vemos intensificarse y proliferar.
El apropiacionismo supone una radicalización de los recursos de la cita, la alusión o el plagio que
caracterizan la práctica artística postmoderna; como estrategia crítica,la práctica apropiacionista postmoderna no puede ser
entendida simplemente como una frívola y acrítica estética referencial ehistoricista, comprometida exclusivamente con la búsqueda del placer de un
lenguaje diferido, desplazado en el tiempo.la crítica a la
institucionalización del arte y a sus procesos de mediación.
Analizado el conocimiento histórico y cultural en términos
de región, dominio, desplazamiento, transposición, se trata de capturar el
proceso en virtud del cual el conocimiento funciona como forma de poder y
disemina sus efectos,la metodología de desplazamientos que desarrollan las prácticas
apropiacionistas también implica al espectador. Se infiere de que la
aplicación de estas estrategias pretenda en primer lugar evidenciar el
conflicto existente para organizar y controlar la recepción de la obra de arte
por parte del público.
Las fotografías de fotografías que algunos de los artistas apropiacionistas desarrollan constituirán algunos
de los gestos más radicales de esta tendencia. Una relación inevitable la
existente entre los conceptos de reproducción y representación que, por otra
parte, se ve radicalizada ahora con la introducción del concepto de
repetición.
La práctica de apropiación niega, así, el
carácter valioso y subversivo de conceptos como “originalidad”,
“autenticidad”, “expresión”, “liberación” o “emancipación”.
Frente a ello, la apropiación crítica implica una constante
dislocación de la linealidad de los discursos, y la ruptura de su continuidad.
Analizar, “visibilizar” los sistemas de mediación y control de
la experiencia estética y dislocarlos, desviarlos hacia las “otras” intenciones
de significado que han permanecido ocultas y soterradas en las formaciones
discursivas del Museo o la Galería es descubrir la política de la experiencia
estética y de la tradición cultural.
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